Síndrome del impostor

¿Alguna vez has pensado que estás rodeado de gente realmente brillante y exitosa mientras que tus triunfos no son si no fruto de la suerte o la casualidad? ¿Sientes miedo a que descubran que no eres tan bueno como los demás piensan? Si es así, es probable que sufras lo que se ha llamado el Síndrome del Impostor.

Al igual que el pesimismo defensivo, el síndrome del impostor se caracteriza por la existencia de dudas acerca de la propia habilidad, el miedo al fracaso y el mantenimiento de unas bajas expectativas de resultado, todo ello a pesar de una importante historia de éxitos.

Pero tranquilo porque estamos ante un trastorno muy habitual; se estima que el 70% de las personas lo han sufrido alguna vez. Y, además, se puede superar.

Continúa leyendo y conseguirás saber si lo sufres y las claves para superarlo.

¿QUÉ ES EL SÍNDROME DEL IMPOSTOR O SÍNDROME DEL FRAUDE?

Síndrome del impostor

 

El síndrome del impostor, también llamado síndrome del fraude porque aquellas personas que lo padecen creen que ellas mismas son un fraude, no ha sido catalogado como enfermedad mental. Sin embargo, sí que hay numerosos estudios clínicos centrados en sus síntomas, orígenes y formas de superación.

¿QUÉ SIGNIFICA SER UN IMPOSTOR?

Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (RAE), impostor es un suplantador, persona que se hace pasar por quien no es. Aquellas personas que sufren este trastorno se sienten como suplantadores, personas con apariencia de exitosas, listas, cualificadas, cuando piensan que realmente no lo son.

a) La visión distorsionada del mundo

Tienes un expediente académico brillante, has conseguido un buen puesto de trabajo, tus compañeros y amigos te ven como una persona exitosa. Sin embargo, piensas que todo eso se debe a golpes de suerte y que puede desaparecer en cualquier momento.

No te das ni un minuto para relajarte y disfrutar de aquello que tienes y has conseguido con tu esfuerzo porque crees que todo ello es fruto de alguna casualidad o suerte y que tal y como vino se puede marchar. Sientes que en algún momento los demás serán capaces de verte como realmente tú te ves: una persona del montón que ha sido capaz de engatusar a los demás.

Tus compañeros de trabajo, tu amigos e incluso tus familiares más cercanos han conseguido logros más importantes que los tuyos. Las suyas sí que son unas carreras consolidadas y llenas de posibilidades de futuro. Ellos harán grandes cosas mientras que en algún momento tu tendrás que volver a donde deberías estar, más abajo de donde te encuentras ahora mismo.

Sin embargo, tengo que decirte que todo esto que ves como la realidad, no es más que una visión distorsionada de la misma. Si eres capaz de ver los defectos más pequeños que tienes pero no eres realista a la hora de valorar los de los demás, es por causa del síndrome del impostor.

B) El origen en la niñez

Las precursoras de este término en 1978, las psicólogas clínicas Pauline Clance y Suzanne Imes, observaron que los “impostores” solían pertenecer a uno de los dos grupos familiares siguientes:

  1. Familias en las que se atribuye a un hermano la “inteligencia” o “brillantez” y al otro la “sensibilidad” o “capacidad de adaptación social”. Este segundo hermano trata de convencer a la familia de su propia inteligencia esforzándose en conseguir mejores logros académicos. No obstante, la familia no parece impresionada, atribuyendo mayor inteligencia al hermano “brillante” aunque su rendimiento académico sea más pobre. Por lo tanto, la persona empieza a dudar de su intelecto y comienza a preguntarse si verdaderamente ha conseguido esos logros gracias a sus habilidades sociales o encantos y, surge el fenómeno del impostor.
  2. En el segundo caso, la familia le transmite al niño o niña que es superior en todo: intelecto, personalidad, apariencia y talento. No hay nada que no pueda lograr y todo lo hará con facilidad. Le dan ejemplos de su precocidad como bebé o niño pequeño al aprender a andar, a hablar, etc. La persona crece pensando que es única y que podrá lograr todo lo que se proponga. Sin embargo, al incorporarse a la vida social comienza a observar que hay cosas que no puede lograr pese a desearlas o que tiene ciertas dificultades para conseguir determinadas cosas. Se siente tan presionado a conseguir cumplir las expectativas de su familia que empieza a sentir pánico a defraudar a sus padres. Se da cuenta que no siempre puede cumplir con las expectativas tan altas que los demás tienen sobre ella que llega a la conclusión que debe ser una persona tonta y no un genio como pensaban. Por lo tanto, es un impostor.

Posteriormente hay quien añade como origen del trastorno la constante visualización de ciertos estereotipos como superhéroes a lo largo de nuestra infancia. Crecemos viendo constantemente cómo personas normales tienen poderes extraordinarios con los que transforman el mundo y ayudan a los demás.

Sin embargo, nosotros, por más que lo deseemos, no conseguimos desarrollar ninguno de dichos superpoderes. Somos personas corrientes con habilidades corrientes aunque los demás crean que hemos hecho algo brillante. Acabamos por desesperar y sentirnos inútiles e impostores.

c) El contexto en el que se desarrolla 

Aunque como mencionábamos anteriormente 7 de cada 10 personas sufre o ha sufrido el síndrome del impostor, hay contextos más propicios a generar personas con este síndrome de fraude. Y así podemos destacar:

  • Crecer en un entorno de abusos y de exigencia, con violencia física o doméstica. Haber recibido abuso verbal o crítica constante.

Se ha determinado que las personas que crecen en entornos en los que existe violencia física o doméstica así como aquellos en los que se producen abusos y exigencias excesivas, tienen mayor tendencia a sufrir este fenómeno. Tienes que centrarte en recuperar tu confianza y romper las cadenas de la baja autoestima que este entorno abusivo ha creado.

  • Carreras altamente competitivas (deportes, arte)

Aquellas personas dedicadas a carreras cuya competitividad es muy elevada, suelen ser también más propensas a sufrir este tipo de trastornos. Los deportistas de alto rendimiento, concertistas, escritores, actores, etc. ven constantemente evaluado su trabajo y reciben críticas diarias sobre su desarrollo. Los pensamientos de esta gente exitosa les han llevado muchas veces a sentir, e incluso decir, “ese no era yo, era un impostor”. Ahí tenemos los ejemplos de personalidades como Albert Einstein quien dijo “La exagerada estima que se le tiene al trabajo que he hecho en mi vida me hace sentir muy inquieto. Me siento inclinado a pensar en mí mismo como en un estafador involuntario”. Y no ha sido el único.

  • Carreras profesionales muy demandantes

Similar al caso anterior ocurre en carreras profesionales de alta exigencia y muy demandadas en las que la competitividad es tan elevada que la presión acaba pudiendo con el sujeto llegando a pensar que “el problema lo tiene la gente” cuando alguien piensa que es una persona exitosa.

Además, esta competitividad a veces desmedida lleva a comparaciones y comentarios de envidia que inducen al sujeto a pensar que efectivamente es un fraude y que no merece los elogios ni los méritos conseguidos pues no es más que un impostor que ha usurpado el puesto que merece otro compañero.

EL “IMPOSTER PHENOMENOM” DE LA DRA. CLANCE

En un artículo del año 1978, la Dra. Clance junto a su colega la psicóloga Suzanne Imes, analizaron un grupo de mujeres altamente exitosas donde observaron la tendencia a negar la evidencia de su inteligencia y éxito profesional. De ahí surgió el denominado “imposter phenomenon”.

a) El síndrome de la impostora en las mujeres 

Según el estudio de las Dras. Clance e Imes, los estereotipos sobre las funciones sexuales parecen contribuir significativamente al desarrollo del fenómeno del impostor.

A pesar de los logros académicos y profesionales sobresalientes, las mujeres que experimentan el fenómeno del impostor persisten en creer que realmente no son brillantes y que han engañado a cualquiera que piense lo contrario. Numerosos logros, que uno podría esperar que proporcionaran una amplia evidencia objetiva de funcionamiento intelectual superior, no parecen afectar esta creencia impostora en las mujeres.

Durante cinco años trabajaron en psicoterapia individual con más de 150 mujeres de gran éxito – mujeres que han obtenido doctorados en diversas especialidades, que son profesionales respetadas en sus campos, o que son estudiantes reconocidas por su excelencia académica-. Sin embargo, a pesar de los títulos obtenidos, honores académicos, alto rendimiento en pruebas estandarizadas, elogios y reconocimiento profesional de colegas y autoridades respetadas, estas mujeres no experimentan un sentido interno de
éxito. Se consideran “impostoras”. Mantienen una fuerte creencia de que no son inteligentes; de hecho, están convencidas de que han engañado a cualquiera que piense lo contrario.

Una profesora dijo: “No soy lo suficientemente buena como para estar en esta facultad. Se cometió un error en el proceso de selección”.  La presidenta de su departamento, dijo: “Obviamente estoy en esta posición porque mis habilidades han sido sobreestimadas”. Otra mujer con dos maestrías, un doctorado, y numerosas publicaciones en su haber se consideraba no calificada para enseñar clases universitarias de recuperación en su campo.

En otras palabras, estas mujeres encuentran innumerables medios para negar cualquier evidencia externa que contradice su creencia de que, en realidad, no son inteligentes.

b) Libro sobre el Síndrome del impostor: “Los pensamientos secretos de las mujeres exitosas”.

La Dra. Valerie Young es una experta reconocida internacionalmente en el síndrome del impostor y autora del galardonado libro Los pensamientos secretos de las mujeres exitosas: por qué las personas capaces padecen el síndrome del impostor y cómo prosperar a pesar de ello.

Cuando la duda le impidió a Young comenzar su tesis doctoral, se encontró con un estudio del “fenómeno impostor” en mujeres exitosas, el sentimiento que algunas mujeres tienen de que realmente no se han ganado sus logros. Inspirada por la relevancia de este concepto para su propia situación y la de muchos colegas, Young comenzó su investigación de disertación en una línea similar. Este libro se basa en su investigación, su experiencia como líder de taller y conferenciante, y sus siete años como directora de mercadotecnia de una compañía de Fortune 500.

En lugar de explicar cómo tener éxito, el autor enseña a los lectores cómo reconocer que ya lo son. Se centra en por qué las mujeres son especialmente propensas a este tipo de pensamiento negativo y muestra cómo superarlo para disfrutar de triunfos y ganar confianza. Su consejo es práctico y perspicaz, con ejercicios simples y pasos de acción en camino.

Además, Young nos cuenta su historia sobre el síndrome del impostor en primera persona.

c) ¿Afecta sólo a mujeres?

Se ha planteado la cuestión de si los hombres experimentan o no este fenómeno. Según la experiencia clínica de las Dras. Clance e Imes, el fenómeno ocurría con mucha menos frecuencia en los hombres y que
cuando ocurría, era con mucha menos intensidad. Los hallazgos de su investigación de atribución, implicarían que el fenómeno del impostor se encontraría con menos frecuencia en los hombres que en las mujeres. Opinaban que el fenómeno en hombres se daba en aquellos que parecían estar más en contacto con sus cualidades “femeninas”. Concluyeron que esta observación clínica necesitaba ser investigada.


A día de hoy sabemos que el 70% de las personas sufren o han sufrido síntomas del síndrome del impostor. Es decir, 2 de cada 3 personas, sean hombres o mujeres. Son parte de la naturaleza humana. Aunque es cierto que la mayoría de los estudios han sido realizados en mujeres al considerárselas grupo de riesgo de este fenómeno.

La propia experta Valerie Young se sintió inclinada al escribir su libro en hablar con mujeres hasta que se dio cuenta de que los hombres también sufren este tipo de trastorno. Así pudo escuchar y  trabajar con innumerables hombres que sufrían terriblemente por sus temores de fraude, incluido un miembro de la policía montada canadiense, un abogado que había discutido ante el Tribunal Supremo, un CEO corporativo, un profesor que ganó el premio McArthur “Genius”, y todo un equipo de ingenieros aeroespaciales, uno de los cuales habló del “puro terror” que sentía cuando le entregan una tarea importante.

¿CÓMO SABER SI TIENES EL “SÍNDROME DEL IMPOSTOR”?

Síndrome del impostor

Ahora que ya sabes algo más sobre este síndrome seguro que estás deseoso de conocer si lo padeces tú mismo. Te enseñamos a detectar si lo estás sufriendo.

¿CÚALES SON LOS SÍNTOMAS?

• Síntomas emocionales negativos sin causa aparente: ansiedad, tristeza, desesperanza, etc.

• Perfeccionismo: falta de confianza en las propias competencias y necesidad de comprobar constantemente el trabajo.

• Inseguridad: creencia de que sus logros o éxitos no son merecidos; consideran que son debidos a la suerte, al azar, o a que otros que consideran más poderosos que ellos les han ayudado a conseguirlos. Miedo a ser descubierto como un fraude.

• Miedo al fracaso incluso ante situaciones que previamente ya se han superado con éxito.

TEST DEL SÍNDROME DEL IMPOSTOR: DESCUBRE AL IMPOSTOR QUE HAY EN TI

Sé que después de todo lo que estás leyendo te pica la curiosidad de saber si tú también sufres el síndrome del impostor.

Aquí tienes un test muy sencillo con el que dejar al descubierto al impostor que muchos llevamos dentro.

CASOS REALES: EL SÍNDROME DEL IMPOSTOR EN PRIMERA PERSONA

Si a estas alturas y después de realizar el test has descubierto que llevas un impostor en tu interior, tranquilo porque no eres el único.

Cientos de personalidades que no creerías, también se han sentido impostores en algunos momentos de su vida.

Al igual que te hemos contado el caso de Albert Einstein, hay otros muchas personas exitosas en sus campos que también han manifestado sufrir este síndrome.

Neil Armstrong, astronauta y primer ser humano en pisar la luna, dijo en una reunión: “Solo miro a todas estas personas, y pienso, ¿qué diablos estoy haciendo aquí? Han hecho cosas increíbles. Yo simplemente fui donde me enviaron “.

Tina Fey, actriz y humorista: “Me he dado cuenta que casi todos son un fraude, así que intento no sentirme demasiado mal por serlo”.

Natalie Portman, quien además de ser una gran actriz con un Oscar es graduada por la Universidad de Havard, describió la inseguridad que experimentó como alumna de Harvard: “Sentía que alguien había cometido un error, que yo no estaba a la altura intelectual para estar aquí y que cada vez que abriera la boca tendría que demostrar que no era una actriz tonta”.

Jodie Foster, actriz, expresó en el Women in Entertainment Power 100:  “Siempre me he sentido como una especie de impostora, nunca sé qué estoy haciendo”.

Kate Winslet,  actriz: “Me despertaba en la mañana antes de ir al set de grabación y pensaba: “No puedo hacer esto. Soy un fraude”.

Maya Angelou, escritora, cantante y activista: “He escrito once libros, pero cada vez que pienso, ‘uh oh, me van a descubrir ahora. He estado jugando con todo el mundo, y me van a descubrir“.

LOS 5 TIPOS DEL SÍNDROME DEL IMPOSTOR

Sindrome del impostor

Según la experta Valerie Young, podemos distinguir 5 subgrupos:

EL PERFECCIONISTA

El perfeccionismo y el síndrome del impostor son dos fenómenos muy interelacionados. Habitualmente las personas perfeccionistas se autoimponen metas excesivamente altas, y cuando fallan, sufren de una baja autoestima y preocupación.

Son personas que tienen que hacer todo ellos mismos porque piensan que otros no lo harán igual de bien. Es decir, son incapaces de delegar.

Piensan que su trabajo tiene que ser 100% perfecto todo el tiempo.

Para ellos, el éxito no suele ser satisfactorio ya que creen que podrían haberlo hecho mejor.

Para superarlo nada mejor que asumir que los errores son parte del proceso de superación y necesarios para el aprendizaje.  Debemos ser conscientes que nuestro trabajo nunca estará 100% perfecto.

EL SALVAVIDAS

Los salvavidas o superhéroes son aquellos que creen que son unos impostores entre sus compañeros y, por ello, se presionan a trabajar cada vez más duro para dar la talla.

Son personas que se fuerzan a trabajar más allá de lo esperado, lo que puede dañar gravemente su salud mental además de sus relaciones personales.

Su problema es que necesitan del reconocimiento que les viene del trabajo. Para superarlo deben reconocer sus límites y defectos y asumirlos. Deben aprender a hacerse sentir que son valiosos.

EL INDIVIDUALISTA

Son aquellos que creen que si piden ayuda demuestran su propia impostura, su falsedad. Necesitan conseguir las cosas por sí mismos.

La forma de superación es aprender, que pedir y recibir ayuda no nos hace más débiles.

EL GENIO

Los genios piensan que deben conseguir las cosas por sus propias habilidades naturales y creen que cuando algo les supone un esfuerzo o no lo consiguen a la primera es un síntoma de su incapacidad.

A menudo han escuchado durante su infancia lo listos que son y están acostumbrados a que todo les cueste poco esfuerzo.

Evitan los desafíos para no tener que demostrar que hay algo en lo que pueden no ser realmente buenos.

No se juzgan a si mismos basados en expectativas poco realistas, sino en base a que tienen que conseguir las cosas al primer intento. Cuando no pueden hacer algo rápido o de forma fluida, les suena la alarma.

Para superar este tipo de síndrome del impostor hay que aprender a verse como un trabajo en progreso. hacer algo realmente grande conlleva un aprendizaje durante toda la vida y una mejora de las habilidades.

Hay que centrarse en las habilidades y no huir de las cosas porque “esto no es lo mío”.

EL EXPERTO

Quienes sufren este subtipo del trastorno están convencidos de que han engañado a su jefe para que les contrate por lo que se pasan la vida temiendo que se descubra su incompetencia.

Necesitan conseguir muchos títulos y certificaciones que acrediten sus conocimientos para adquirir una falsa seguridad.

Son unos procrastinadores natos pues nunca saben lo suficiente como para lanzarse a hacer algo.

La forma de solucionarlo es intentar aprender una sola cosa a la vez, a medida que se vaya necesitando en lugar de acumular conocimientos que no van a servir.

 

SIMILITUDES Y DIFERENCIAS ENTRE DISTINTOS SINDROMES

Síndrome del impostor

¿QUÉ RELACION HAY ENTRE EL SÍNDROME DEL IMPOSTOR, EL SÍNDORME DE PROCUSTO Y EL DE DUNNING-KRUGER?

1) Síndrome de Procusto: la envidia frente al que tiene éxito.

Se trata de un trastorno de origen mitológico definido como “aquel que corta la cabeza o los pies de quien sobresale”.

Lo sufren personas que son incapaces de reconocer la validez de las ideas y aportaciones de otros. Viven con un miedo atroz a ser superados por otros.

Suelen hablar de trabajo en equipo, de tolerancia, de escucha, pero siempre en su propio favor: como argumentos para ser escuchados, no para escuchar.

Buscan limitar las habilidades de otros como forma de no evidenciar sus propias carencias.

2) Síndrome de Dunning: la vanidad del incompetente.

Podríamos decir que es el reverso del síndrome del impostor. Las personas afectadas por este síndrome sufren el sentimiento ilusorio de que son más inteligentes que los demás, incluso que personas más preparadas que ellos.

El sujeto es incapaz de reconocer su ineptitud.

Charles Darwin ya había sentenciado que “La ignorancia engendra más confianza que el conocimiento”. La aportación de Dunnin y Kruger consistió en demostrarlo en un experimento donde midieron las habilidades intelectuales y sociales de una serie de estudiantes y les pidieron una auto-evaluación posterior. Los resultados: los más brillantes estimaban que estaban por debajo de la media; los mediocres se consideraban por encima de la media, y los menos dotados y más inútiles estaban convencidos de estar entre los mejores.

3) Síndrome del impostor y doble vínculo: “si no muestro lo que hago, nadie lo ve. Pero si lo muestro, no cae bien”.

Es una de las consecuencias del síndrome del impostor, los límites débiles: te cuesta decir que no, porque entonces no te querrán y si no te quieren se darán cuenta de tu “farsa”. Porque ¿recuerdas que la gente te dice que eres bueno sólo porque les caes bien?

CÓMO SUPERAR EL SÍNDROME DEL IMPOSTOR: PORQUE TÚ LO VALES

SÍNDROME DEL IMPOSTOR

Recientemente he escuchado una interesantísima charla TED de la consultora de tarifas Casey Brown en la que, tras reconocer que a ella misma la costaba valorarse correctamente, nos da las verdaderas claves para superar el síndrome del impostor.

No dejes de ver la charla completa.

APRENDE A DEFINIR TU VALOR

Casey Brown se dedica a ayudar a empresas y emprendedores a tasar por valor el trabajo que realizan. Pero se dio cuenta que ella misma padecía de aquello que trataba de solucionar en sus clientes.

Nadie te va a pagar lo que vales, si no lo que tú crees que vales. Por lo tanto, definir y comunicar claramente tu valor es esencial para puedas ser pagado por lo que vales.

Y esto es así para todo el mundo, aunque está comprobado que las mujeres bajan más sus precios que los hombres.

La brecha salarial no sólo se produce en los trabajos por cuenta ajena, sino también entre los emprendedores.

A menudo sentimos una gran incomodidad en transmitir nuestro valor, especialmente al principio de nuestras carreras. Y así, se escuchan cosas como: no quiero alardear, prefiero que mi trabajo hable por mí, no me gusta contar mis propias alabanzas, etc.

Cómo calcular correctamente el valor de tu trabajo: qué aporto

Si quieres aprender a valorarte para que los demás te valoren en la misma medida, debes hacerte estas preguntas:

  • ¿Cuáles son las necesidades de mis clientes y cómo las abordo?
  • ¿Cuál es el conjunto de habilidades únicas que poseo que me hace mejor cualificada para atender a mis clientes?
  • ¿Qué hago que nadie más haga?
  • ¿Qué problemas soluciono a los clientes?
  • ¿Qué valor añado?

Y así podrás definir el valor que los clientes consiguen con tu trabajo.

El problema es que una vez definido ese valor, nos sentimos aterrorizados ante la idea de subir los precios: “¿y si nadie me paga?”, “y si piensan ¿quién te crees para pedir eso?” “¿de verdad lo que hago vale eso?”, “¿qué pasa si mi negocio fracasa? tengo que pagar facturas”…

Estos miedos son naturales y normales, pero no puedes permitir que definan cuánto vales. Tus miedos no deben limitar tu potencial económico.

 

CÓMO COMUNICAR TU VALOR

Muchas veces, sin darnos cuenta, somos nosotros mismos los que estamos menoscabando nuestro propio valor al hablar sobre nuestra experiencia, nuestra valía, nuestra profesionalidad; nos hacemos de menos: “tengo un poco de experiencia en ese tema”, “tengo una pequeña empresa”, cuando quizá llevamos más de una década y somos unos verdaderos expertos en la materia o dirigimos una empresa de 50 empleados y varios cientos de miles de euros de facturación.

Este lenguaje perjudica seriamente nuestro valor, al no saber comunicarlo correctamente.

Cambia tu mensaje, enfócate en ser auténtico, en tener tu propia voz, en ayudar y añadir valor a otras personas. De ese modo no parecerá que alardeas.

Piensa en qué te gusta de tu trabajo, en qué te emociona y trata de conectar con eso.

Cambio de mentalidad: no se trata de ti si no del desempeño que realizas

El cariño con el que haces las cosas: metáfora con la comida casera: valoras que se ha hecho con cuidado, con mimo, pensando en ti.

Deja de denominarte con falsa humildad y ocupa el lugar que mereces. Encuentra poder en lo que haces y encontrarás poder en la comunicación de tu mensaje.

Las implicaciones de aprender a valorarse y a comunicar nuestro valor, van más allá del terreno meramente financiero, al terreno del autorrespeto. Reconoce el valor que aportas, reconoce tu trabajo, respétate a ti mismo y confía en tu valor.

 

TIPS PRÁCTICOS PARA TRANSFORMAR AL IMPOSTOR EN TU ALIADO

Síndrome del impostor

EMPIEZA RECONOCIÉNDOLO

Lo principal, como en la mayoría de las situaciones negativas, es empezar reconociéndolas. Cuando en tu vida aparezca un comentario del tipo “no me lo merezco”, “no valgo tanto como ellos piensan” o “tuve suerte con esto” identifícalos como lo que son, inciertos, y ponte manos a la obra.

CAMBIA TU DIÁLOGO INTERNO

Cuando estos sentimientos aparezcan, dale la vuelta a la tortilla y transfórmalos en algo positivo.

En lugar de decir “no valgo para este nuevo puesto” piensa en “cuánto voy a aprender en esta nueva etapa”.

Asume que todos nos sentimos abrumados ante nuevos retos pero que ello no significa que no vayamos a poder superarlos con éxito. Deja que las cosas fluyan y que avancen por sí mismas antes de tratar de ponerles freno.

NADIE ES PERFECTO

Ni tú tampoco. No procrastines ni repases las cosas 100 veces. Una vez que estén listas entrégalas y dedica el resto del tiempo a disfrutar de la sensación del trabajo bien hecho.

Si ves que no puedes con ello, pide ayuda, no eres más débil por hacerlo.

Y, sobre todo, no tengas miedo a ser imperfecto; todos lo somos.

RECUERDA TUS LOGROS

Haz una lista de logros y debilidades.

Aprende de los primeros que tú también has tenido éxitos merecidos.

Utiliza los segundos como áreas a mejorar y no para machacarte.

NO BUSQUES COMPARACIONES

Dicen que las comparaciones son odiosas. Desde luego que sin son desfavorables incrementan los sentimientos de incompetencia.

No es necesario que te compares con otras personas que piensas que son más exitosas que tú. Quizá ellos tengan su vida y no sea tan perfecta como parece…o sí. Pero eso no importa, tú debes vivir tu propia vida.

Compararse de forma desfavorable con los demás es uno de los factores que favorecen el síndrome del impostor y potencia los sentimientos de incompetencia, especialmente si hay diferencias (reales o percibidas) con quien te estas comparando. Recuérdate que tu eres un individuo valioso con tus fortalezas únicas.

Ya decía Ortega y Gasset “yo soy yo y mis circunstancias”. Y esas circunstancias te llevan a vivir unas experiencias de vida distintas a las de los demás.

CÉNTRATE EN LA META Y NO EN TI MISMO

Al comenzar un proyecto no trates de averiguar qué pensarán los demás o cómo puede afectarte. Pon el foco en tu meta y ve avanzando poco a poco en el camino.

Reconoce y valora todo aquello que te acerque a tus objetivos.

NO ESTÁS SOLO

Ya lo sabes. 7 de cada 10 personas sufren o han sufrido este trastorno a lo largo de su vida. Y entre ellos, grandes profesionales y personalidades de reconocido prestigio.

Hablar con alguien sobre cómo te sientes puede ayudarte mucho. Otros que han pasado por lo mismo que tú pueden ayudarte.

Montaigne dijo “aunque nunca lo veamos, todas las personas cagamos“. Y de la misma manera, todas las personas tenemos pensamientos negativos, incertidumbres, miedos y obsesiones.

Porque ¿tú también te has sentido alguna vez un impostor? Si es así, espero que aquí hayas encontrado las claves que necesitas para reconocer y superar esta situación.

 

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